viernes, 30 de octubre de 2009

La zaga de Aldonza


Hace tres años en una de tantas asistencias al taller, llegó la invitación de un soñador, opinión un tanto controversial, pero eso es otra historia. Bueno, el mensaje invitaba a todos los presentes del taller de pintura a inscribirse a un concurso de pintura.
La motivación principal de quien promovía esta iniciativa era festejar el retorno al país de su vieja y muy querida amiga en el mejor de los sentidos.
El hombre en cuestión después de meditar y hacer un recuento de sus medios, decidió realizar un concurso de pintura, con un premio en efectivo un tanto austero, lo cual no atrajo a grandes y reconocidos artistas plásticos como esperaba, pero eso no detuvo su intención y se le ocurrió que algunos de los asistentes regulares al taller de pintura lo podrían sacar del atolladero.
Para algunos de nosotros, pertenecientes al taller, nos resultó atractiva la idea de entrar al concurso y así se inició la zaga de Aldonza.
Un nuevo reto, una competencia, quienes entraríamos al concurso, que técnica utilizaríamos, etc... rápidamente se tomaron decisiones, solo concursaríamos cuatro de todo el taller, elegiríamos la técnica de dibujo que en ese momento estabámos manejando. -Bien- me dije -sanguina es lo mió- sin embargo, el maestro tenía en mente algo distinto -use pastel para este trabajo- fueron sus palabras.
Pues a correr y buscar los materiales, el desafío era grande, pensar en un tema, usar una técnica de dibujo nueva, el tamaño del lienzo más grande a lo ya anteriormente utilizado. Sin más que pensar porque le tiempo era corto, una idea tomó forma, el dibujar una joven que pudiera inspirar los sueños de alguién, por supuesto, la Aldonza del Toboso, mujer que al ser idealizada se convertía en Dulcinea, según la hermosa novela del Quijote de la Mancha.
Al fijar el tema, nuevamente los colores tomaron relevancia, y sí...buscar los tonos correctos fué un tanto desgastante, pero lo conseguí. Ya el tiempo se había agotado y había que entregar, cuando una compañera me avisó que tendríamos un mes más para entregar, así lo hicimos y las cuatro que iniciamos esta travesía inscribimos nuestros trabajos al mentado concurso.
Por último he de comentar, que pasó el tiempo y nada supe, solo que hubo una exhibición de cuadros y se declaró desierto el concurso, pues proclamar un ganador, era desembolsar el premio ya prometido, además la tan querida vieja amiga jamás apareció.
Sin importar el resultado, haber realizado este cuadro, me resultó en verdad muy grato, divertido, lleno de satisfacciones y sobre todo el haber sobrepasado mis propios límites hasta ese momento requeridos, no tiene palabras.

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