Algo, que nunca llamó mi atención de manera particular, fueron aquellos consejos de algunos de mis maestros sobre la definición precisa de un encaje, -no importa la técnica ni los medios que utilice, solo traspase o dibuje en su tela o papel, el encaje de su proyecto lo más exacto que pueda, antes de continuar con el desarrollo del trabajo-más o menos eran sus palabras a mi real entender.
Sin embargo, de alguna manera siempre tuve cierta retiscencia para seguir al pie de la letra la instrucción de mis tan respetados mentores, pues según mi opinión se pierde espontaneidad y frescura en los trazos.
Claro-me decía- los grandes artistas dibujan directamente en su lienzo porque son creativos y de primera intención logran su objetivo, un poco lejos de la verdad, ligeramente desviada unos 180 grados. Como siempre uno de mis grandes favoritos Leonardo DaVinci, planeaba una obra largo tiempo, y los trazos de la tiza poco a poco acercaban al genio sobre su objetivo, como escultura le quitaría aquellos bordes sobrantes al ir "recortando la figura" hasta lograr su escorzo largamente planeado. Y después, la magia se hacía presente, solo traspasaría su encaje al lienzo definitivo. Siglos después Rubens no en balde aprovecharía estos encajes para realizar algunas obras del pintor Da Vinci.
De regreso a la realidad, uno de mis grandes desafiós siempre ha sido lograr reproducir lo más exacto, alguna copia o retrato de las grandes obras de antaño, pero como siempre huí de hacer el trazo inicial con grafito y usar un buen encaje de ser necesario, de alguna manera siempre me las ingenié para realizar un encaje directo en el material ya destinado para el trabajo, eso si lo más tenue o casi indefinido y en ocasiones incompleto, por ende ya sabrán los conflictos logrados antes de empezar.
Al final el resultado predecible era el de una obra que "se parece pero no tiene la misma posición punto por punto", pues sí una reproducción más o menos lograda.
Por supuesto, que si se precia de ser más o menos avesado en la observación, puede uno al dibujar "mover" el objeto en cuestión con cierta facilidad y lograr que encaje en la obra. Pero si no se tiene la disciplina de observar y dibujar continuamente, entonces la obra no solo no coincide sino que ciertamente resulta un desastre y largas semanas de perdidas no solo de trabajo o de práctica, sino también de ánimo.
Así las cosas, este artículo viene a colación porque hace algunas semanas inicié un proyecto de pintura al oleo con temas infantiles sobre tela y cartón, si un proyecto de composición sencilla con 5 objetos en su haber, el reto ha sido repetirlo 10 veces lo más fiel posible, lo cual, por primera vez, me remontó a considerar las imágenes de algunos dibujos utilizados como encajes de grandes pinturas que cobraron real importancia.
Claro, que me dediqué a usar el encaje de manera preponderante y repetitiva hasta el cansancio, como había sido la sugerencia de mis maestros en cada uno de los lienzos y el avance fue extraordinario, nada que pensar solo avanzar y avanzar en el trabajo plástico. No cabe duda que el sabio no sabía por sabio, sino por conocer el poder de los encajes.
Sin embargo, de alguna manera siempre tuve cierta retiscencia para seguir al pie de la letra la instrucción de mis tan respetados mentores, pues según mi opinión se pierde espontaneidad y frescura en los trazos.
Claro-me decía- los grandes artistas dibujan directamente en su lienzo porque son creativos y de primera intención logran su objetivo, un poco lejos de la verdad, ligeramente desviada unos 180 grados. Como siempre uno de mis grandes favoritos Leonardo DaVinci, planeaba una obra largo tiempo, y los trazos de la tiza poco a poco acercaban al genio sobre su objetivo, como escultura le quitaría aquellos bordes sobrantes al ir "recortando la figura" hasta lograr su escorzo largamente planeado. Y después, la magia se hacía presente, solo traspasaría su encaje al lienzo definitivo. Siglos después Rubens no en balde aprovecharía estos encajes para realizar algunas obras del pintor Da Vinci.
De regreso a la realidad, uno de mis grandes desafiós siempre ha sido lograr reproducir lo más exacto, alguna copia o retrato de las grandes obras de antaño, pero como siempre huí de hacer el trazo inicial con grafito y usar un buen encaje de ser necesario, de alguna manera siempre me las ingenié para realizar un encaje directo en el material ya destinado para el trabajo, eso si lo más tenue o casi indefinido y en ocasiones incompleto, por ende ya sabrán los conflictos logrados antes de empezar.
Al final el resultado predecible era el de una obra que "se parece pero no tiene la misma posición punto por punto", pues sí una reproducción más o menos lograda.
Por supuesto, que si se precia de ser más o menos avesado en la observación, puede uno al dibujar "mover" el objeto en cuestión con cierta facilidad y lograr que encaje en la obra. Pero si no se tiene la disciplina de observar y dibujar continuamente, entonces la obra no solo no coincide sino que ciertamente resulta un desastre y largas semanas de perdidas no solo de trabajo o de práctica, sino también de ánimo.
Así las cosas, este artículo viene a colación porque hace algunas semanas inicié un proyecto de pintura al oleo con temas infantiles sobre tela y cartón, si un proyecto de composición sencilla con 5 objetos en su haber, el reto ha sido repetirlo 10 veces lo más fiel posible, lo cual, por primera vez, me remontó a considerar las imágenes de algunos dibujos utilizados como encajes de grandes pinturas que cobraron real importancia.
Claro, que me dediqué a usar el encaje de manera preponderante y repetitiva hasta el cansancio, como había sido la sugerencia de mis maestros en cada uno de los lienzos y el avance fue extraordinario, nada que pensar solo avanzar y avanzar en el trabajo plástico. No cabe duda que el sabio no sabía por sabio, sino por conocer el poder de los encajes.

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